Aquel día te vi, y ni una palabra exploto de tu boca, mi presencia fue notada por ti como cualquier hoja que sopla el viento, una hoja más que cae al suelo.
Te veo feliz, y aunque en momentos largos no pude sacarte de mi mente porque tú eras ella misma, ahora con cada campanada de aquel reloj que me regalaste se desgarra cada neurona que afligía mi ser,
Y en cuanto la media noche termine… el último sonido golpeante de tu alma desaparecerá como cada segundo se lo lleva el tiempo.
